La sumatoria entre temperatura, miradas, intimidad, juego y reflexión coincide con mezclarse en el follaje, despejar el terreno, crear grados distintos de exterior, saltar de un lugar a otro y armar más de un interior. Un gesto dinámico: como quien se tensa por completo antes de saltar desde el borde de la piscina.
Un gesto sutil de separación inicial desde el suelo hacia el fondo del terreno, que se vuelve tajante para quien entra desde la calle: un solo volumen que casi se posa, se tuerce, encorva, eleva y abre. Vestido a partir de la orientación que adquiere cada vista, y situado según el espacio dejado por los árboles.
Porque la gravedad actúa y los objetos no pesan lo mismo, la obviedad como insistencia material: el ladrillo se aliviana si se lo despega del suelo y la madera tiende a caer si se la deja suspendida.
sólo por eso. R